El leñador y su esposa infiel*

Publicado originalmente en elchilambalam.com

Prot es el vecino de un humilde vendedor de leña. En maya vendedor de leña se dice kon si’. Desde luego, Prot es también un galán y ya había conquistado a la joven mujer del leñador.


Todos los días el leñador salía de su humilde vivienda y se iba al monte a buscar la carga de leña cotidiana, cuya venta permitiría proveer su hogar que es atendida por su esposa, una graciosa y pícara señora.

Apenas el leñador se iba y desaparecía en la lejanía, Prot cruzaba la calle y entraba a la casa del leñador en donde ya lo esperaba la esposa del campesino, con los brazos abiertos. Y pasaban largas horas disfrutando del amor.

Todos los días se repetía la misma historia, y habría de seguir repitiéndose…

Tenía el vendedor de leña un loro que era testigo de la infidelidad de su ama y todos los días la acusaba al llegar el esposo, quien sin embargo no le daba crédito dada la fama de los cotorros de parlotear sin sentido.

-Prot vino, apenas te fuiste. Prot vino a estar con tu esposa y pasó con ella todo el día –acusaba el fiel pajarraco.

Pero el campesino no le daba crédito y confiaba ciegamente en su bella esposa.

Preocupada por un eventual descubrimiento de su traición, la mujer le confesó a su amante sus temores acerca de las denuncias del loro.

-¿Por qué no me habías dicho? –le respondió Prot con naturalidad y la seguridad de quien siempre sabe lo que hace y siempre tiene una solución.

-Ahora mismo le ponemos remedio –aseguró, y dio instrucciones a la mujer.

Al otro día, apenas el leñador salió de su casa la mujer tomó una jícara, agujereó levemente el fondo, la llenó de agua y la colocó goteando el líquido vital sobre la cabeza del loro. Y así lo mantuvo todo el día. Cada gota hacía al loro cerrar los ojos y el incesante goteo no le permitió vigilar ese día a los amantes.

Al llegar en la noche a su hogar, el campesino hizo las preguntas habituales a su esposa:

-¿Quién vino hoy? ¿Hubo visitas? Preguntas a las que siempre respondía el loro con las denuncias contra Prot.

Pero en esta ocasión sólo hubo silencio. En su aro colgado a un costado de la entrada, el loro dormitaba. Fue necesario preguntarle directamente y con más fuerza.

-Loro ¿hubo visitas durante mi ausencia? ¿Quién vino?

A lo que el loro responde en tono fastidiado:

¡Papá, claro que nadie vino de visita! ¿Cómo quieres que haya visitas si durante todo el día cayó una endemoniada tormenta?

———

El cuentito lo refirió a El Chilam Balam en persona don Domingo Dzul Poot, autor de cuatro volúmenes de cuentos bilingües, maya y español.

¡Utz ulib'al alaq!

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