La astronomía y luna en los pueblos mayas

Tomado de El Tiempo y los Mayas del Altiplanode Barbara Tedlock.

Hay más de tres mil estrellas y planetas que se pueden ver a simple vista en cualquier momento en una noche clara. Podría esperarse que por lo menos los planetas y la Vía Láctea. así como también todas las estrellas de primera y segunda magnitud visibles en las latitudes del mundo maya. serían de interés considerable para los pueblos mayas. Desafortunadamente los mayas antiguos no nos dejaron catálogos de las estrellas o de las constelaciones, ni tratados sobre métodos o teorías astronómicas, y ningún instrumento medidor. También carecemos de archivo de las observaciones astronómicas en que se basan los cuadros y los almanaques en los Códices de Dresde, París y Madrid. A nosotros nos toca descifrar a qué problemas se dirigieron lo astrónomos mayas antiguos y qué métodos emplearon para llegar a las soluciones textuales que sobreviven.

A fin de alcanzar alguna comprensión de los conceptos y de las prácticas astronómicas mayas precolombinas, hay que estudiar los monumentos de piedra con inscripciones y lo alineamientos arquitectónicos; los huesos, los caracoles y las ollas tallados: los murales y las cerámicas pintadas; y los cuatro códices jeroglíficos existentes, juntos con los manuscritos coloniales escritos por mayas en el alfabeto latino. Hay que estudiar también los diccionarios coloniales. Las crónicas españolas, y las ideas y las prácticas astronómicas y cosmológicas actuales que pueden encontrarse tanto en las ceremoniales religiosas como en la literatura escrita y oral de los mayas actuales.

En Momostenango. todos los astros incluyendo el sol, la luna. los planetas, los cometas, los meteoros, las estrellas, los asterismos, las constelaciones, y la Vía Láctea constituyen una sola categoría, ch’umilal kaj. ‘cielo estrellado’. Las trayectorias y las posiciones diurnas. mensuales y estacionales de estos astros a lo largo del horizonte y a través del cielo nocturno son observados a simple vista y discutidos por los astrónomos momostecos, que son ajq’ij iniciados. La trayectoria diaria del sol, conocida como ube saq, ube q’ij ‘camino de luz, camino de día’. se describe en k’iche’ como oxib utzuq, oxib uxukut chupam saqil, ‘tres lados, tres, esquinas en la luz’.  Se visualiza como un triángulo, cuyos ángulos son los tres puntos de transición en el tiempo diurno. Este triángulo solar se extiende desde la posición saliente del sol a su posición de mediodía, y a su posición poniente. Por analogía, los astros que salen, cruzan el cielo nocturno, y se ponen en oposición al sol, en una proximidad razonable a su trayectoria, forman oxib utzuq, oxib uxukut chupam q’equm, ‘tres lados, tres esquinas en la oscuridad’.

Las estrellas se observan de noche para saber la hora, y también anuncian la temporada para los propósitos ceremoniales y agrícolas. La posición de la salida y de la puesta del sol del solsticio de invierno y también las del verano se llaman xolqat be, ‘cambio de camino’. Este término, a diferencia de nuestro solsticio, derivado del latín, y que significa ‘parada del sol’, acentúa el movimiento oscilante del sol. El cambio más importante de camino es el solsticio de invierno, raqan q’ij ‘alcance del sol’ literalmente ‘su pie del día’, que anualmente marca el fin la cosecha de maíz del altiplano, en diciembre. A la latitud de Momostenango (15° 04’ 38’’ al norte del ecuador), el sol pasa por el cenit el 1º o 2 de mayo, durante el movimiento del sol hacia el norte, y el 11 o 12 de agosto, durante su regreso hacia el sur. A las posiciones de la salida y de la puesta del sol en ambos pasajes por el cenit se les refiere como jalbal ‘lugar del cambio’, e indica la posición de un cambio en la naturaleza de la trayectoria del sol, más bien que un cambio de trayectorias.

Los planetas, como grupo, son conocidos como kaq ch’umil, ‘estrellas rojas’. Cuando Venus (o cualquier otro planeta que toma el papel de lucero de la tarde) aparece en el cielo occidental después de la puesta del sol, se llama rasq’ab, ‘de la noche’. Venus en su aspecto de lucero del alba se llama Junajpu, un día que lleva el nombre personal de uno de los héroes del Popol Wuj. Cuando Venus o cualquier otro planeta aparece como estrella brillante en el este antes del amanecer, se le refiere a como eqo q’ij. ‘cargador del sol’, y su trayectoria se conoce como ubeal eqo q’ij, ‘camino del cargador del sol’. A los cometas se les refiere como uje’ ch’umil, ‘cola de la estrella’, y se consideran augurios de pestilencia. En el maya yucateco colonial, los cometas se llamaban ikomne, ‘cola ventosa’, o kaktamay ek, ‘estrella de mal augurio por el fuego.’

En k’iche’, se le refiere a una estrella fugaz o a un meteoro como ch’abi q’aq’, ‘flecha llameante’. Aquí ch’ab se refiere a la punta de una flecha, dardo, daga, o lanza, mientras que q’aq’, significa ‘fuego’. Un término k’iche’ colonial para el meteoro era ch’olanik ch’umil, ‘estrella que hace guerra’. Entre los tzotziles actuales, las estrellas fugaces se llaman ch’ob, ‘antorcha’; en yucateco se llaman halal ek’, ‘estrella de flecha’, y los lacandones los describen como ‘puntas de flecha’ (Lamb 1981; de Tirado 1787). Las puntas y las cuchillas de obsidiana encontradas por los momostecos en sus milpas hoy se consideran los restos de estrellas fugaces. Estos objetos se reúnen y se meten, juntos con los otros objetos sagrados, en el mebil, el altar familiar tradicional.

Algunos pueblos mayas describen los meteoros o los cometas como las colillas de cigarro de los dioses, y puede bien ser que los cigarros fumados por los héroes gemelos del Popol Wuj deben entenderse como meteoros. Por toda el área maya, los meteoros se consideran malos augurios que pronostican la enfermedad, la guerra y la muerte. También es extensa la creencia de que las puntas de obsidiana pueden encontrarse en el lugar precisamente donde aterriza un meteorito. Los nexos cognitivos entre la obsidiana, la guerra, la muerte y la enfermedad se deben a su uso en el pasado como instrumentos de guerra y de sacrificio humano que tenían puntas u hojas de obsidiana, junto con el uso pasado y actual de cuchillas de obsidiana para los procedimientos para sangrar y en la cirugía.1

Las estrellas individuales identificadas en Momostenango incluyen Régulo, o jun ch’umil, ‘una estrella’, y Espiga, o pix, ‘chispa’; los dos se encuentran a lo largo de la eclíptica. Ciertos asterismos k’iche’ son más bien parecidos a los occidentales; por ejemplo, xik, ‘gavilán’, se reconoce como Águila. Hay otros que no tienen nada de parecido. Dos estrellas o asterismos o más pueden compartir un solo nombre, mientras que otras estrellas o asterismos individuales pueden tener más de un nombre. Por ejemplo, Acrux (en la Cruz del Sur) y la estrella polar (en la Osa Menor): se llaman la dos xukut ch’umil, ‘estrellas de la esquina’. Hay dos asterismos conocidos como ripibal elaq’omab, ‘cruz de ladrones’; uno de ellos está en la Cruz del Sur y el otro lo forma el grupo de siete estrellas dentro de Sagitario que consiste en Sigma, Phi, Delta, Gamma, Lambda, Epsilon y Eta. Similarmente, tanto las Pléyades y las Híades se llaman motz, ‘puñado’, y tanto la Osa Mayor como la Osa Menor se llaman pak’ab, ‘cucharitas’. La Vía Láctea, por otra parte. tiene dos designaciones separadas, que dependen de qué fin se indica. El segmento completo es saqi be, ‘camino blanco’, mientras la parte con la grieta oscura, es xibalba be, ‘camino del inframundo’. Las estrellas brillantes Cástor y Pólux, en Géminis, tienen dos designaciones: ka’ib chuplinik, ‘dos lustrosos’ y ka’ib pix, ‘dos chispas’.

Dentro de la constelación de Orión, conocido como je chi q’aq, ‘fuego dispersado’, hay dos asterismos que comparten una estrella: el cinturón de Orión, o je’ oxib chi q’aq ajaw, ‘cola de los tres señores del fuego’, y Alnitak, Saiph, y Rigel, llamado oxib nima ch’umil, ‘tres estrellas grandes’; de que la más brillante. Rigel, se llaman nima q’aq, ‘incendio grande’. A este asterismo también se le refiere como oxib xk’ub, ‘tres tenamastes’. La Gran Nébula, M42, localizada dentro del triángulo marcado por estas tres estrellas, se describe como el humo de un fuego de cocina celestial. Aunque esta nube extensa de gases relucientes es visible a simple vista, la nébula de Orión no se mencionó en las crónicas antiguas o medievales, y lo europeos no la descubrieron hasta 1610. La descripción de ciertas estrellas claves como ‘llameante’ también se encuentra hoy entre los mayas de Yucatán. En el pueblo de Yalcobá, cerca de las ruinas arqueológicas de Cobá, el Cinturón de Orión y las Híades tienen cada una u k’áak’, ‘su fuego’, en forma de las estrellas brillantes Rigel y Aldebaran.2

Los movimientos estelares, especialmente los que la astronomía occidental considera acrónicos y cósmicos, son utilizados por los momostecos para marcar el progreso del año solar. La salida acrónica de una estrella tiene lugar en el horizonte oriental al momento de la puesta del sol en el horizonte occidental, mientras un conjunto cósmico de estrella tiene lugar en el horizonte occidental al momento de la salida del sol en el horizonte oriental. Durante la temporada seca, entre la cosecha y la siembra (de noviembre a abril), se observan y se usan la salida y la puesta de las estrellas para programar los eventos ceremoniales. Cada uno de seis eventos de este tipo, con intervalo de veinte a treinta días, escoge una constelación o estrella especial como retal aq’ab, ‘señal de la noche’. Así, a mediados de noviembre, las Pléyades salen cerca de la posición del alba durante el crepúsculo de la tarde, cruza su meridiano a medianoche, y se baja cerca de la posición de la puesta del sol durante el crepúsculo del alba. Otro evento clave de la salida y de la puesta de las estrellas ocurren a mediados de diciembre, con Orión; a mediados de enero, con Géminis; en la tercera semana de febrero, con Régulo; a mediados de marzo, con la Osa Mayor: y alrededor del 1° de abril, con Acrux.

La luna

La luna también tiene salida o puestas acrónicas y cósmicas. A principios del mes, la luna es momentáneamente visible como una creciente delgada, baja en el horizonte occidental a la puesta del sol. llamada ch’utin ik’, ‘pequeña luna’, o alaj ik’, ‘luna bebé’. Según los momostecos conocedores, la luna renace cada mes en lo que nosotros llamamos su conjunción solar, o la nueva luna astronómica, mixalaxik ik’, ‘nació la luna’; sin embargo, puesto que la luna nueva es visible únicamente durante los eclipses solares, calculan la edad de una luna determinada de la primera aparición de la luna creciente delgada en el oeste, que sigue la conjunción un día o dos después. Que esta práctica puede ser más generalmente maya, y bastante antiguo, es demostrado por un diccionario de Yucatán que asigna el número trece a la luna llena, indicando que las edades de la luna se contaban de la primera visibilidad de la luna menguante (CORDEMEX 1980:896). Cuando las lunas llenas se calculan de la conjunción, llegan cuando la luna tiene catorce a dieciséis días. Pero la edad de cierta luna y el problema de calcular el tiempo por una unidad que equivale a un ciclo lunar completo, son tratados por los k’iche’ como dos asuntos diferentes. Hoy en día, a causa de la dificultad de divisar la luna nuevamente menguante, las comadronas y los agricultores prefieren calcular los meses de luna llena a luna llena.

Foto de Sandy Sandoval 
https://www.instagram.com/sandayanara/
Foto de Sandy Sandoval
https://www.instagram.com/sandayanara/

Al progresar el mes, la luna creciente sale en el ciclo occidental, un poco al norte del sol poniente, y se observa adelantándose poco a poco hacia al este, hasta que alcance lo que los astrónomos occidentales llaman el primer cuarto, así nombrado porque en este momento la luna está en el meridiano a la cuarta parte de un círculo completo (90°) del sol. Sin embargo, los momostecos se le refieren a esta fase como nik’aj ik’, ‘media luna’, que enfatiza el grado de la iluminación de la luna más bien que su posición con respecto al sol. La luna alcanza su meridiano, o pa nik’aj, ‘en el centro’, a la puesta del sol, y se pone como a la medianoche. Durante la semana siguiente, al acercarse a la fase llena, sale y se pone más y más tarde. Durante este tiempo de la luna creciente redonda, a lo que los k’iche’ llaman chaq’ajik, ‘madurarse’, está en el cielo oriental a la puesta del sol y se pone después de la medianoche. A lo largo de este período creciente, se le dirige en las oraciones como qanan, ‘nuestra madre’.

Dos semanas después de la luna nueva, la luna llena, o setel ik’, ‘luna redonda’, se ve en el este, cerca del punto de donde sale el sol. Para los observadores momostecos, la verdadera luna llena es la primera que se ve salir poco después de la puesta del sol en el oeste. Viaja a través de todo el ciclo nocturno y se pone en el oeste cerca del amanecer. La noche de luna llena, jun aq’ab ube, ‘camino de una noche’, es especialmente dramática. Son claramente visibles tanto la salida de la luna como la puesta de la luna, y la trayectoria de la luna, como la del sol, hace un triángulo completo, o oxib uxukut, ‘tres esquinas’. Esta noche de la salida acrónica y la puesta cósmica de la luna frente al sol, es el único momento en que los momostecos perciben que los movimientos de la luna parecen a los del sol. El viaje oposicional espectacular de la luna llena, conocido como oxib utzuk, oxib uxukut chupam q’equm, ‘tres lados, tres esquinas en la oscuridad’, consiste en la salida de la luna en el este, relebal ik’, ‘lugar de la salida de la luna’; la medianoche en el meridiano, pa nik’aj ik’, ‘en medio de la luna’, la puesta de la luna en el oeste, uqajibal ik’, ‘lugar de la caída de la luna’.

Esta noche, la luna asume un aspecto masculino y se considera el equivalente nocturno del sol, con su disco brillante lleno y su tránsito completo del cielo. Hasta se le puede referir figurativamente, como ‘el sol’. Esto nos ayuda a explicar la anomalía aparente en el Popol Wuj, donde se dice que Xbalanq’e (uno de los héroes gemelos) sale como la luna, aunque es hombre. Puede haber correspondido únicamente a la luna llena, mientras que Xkik’ (su madre) puede haber sido la luna creciente y la anciana Xmukane (su abuela) tal vez era la luna menguante. Sobre Xb’alamq’e, los pueblos mayas (incluido el k’iche’ contemporáneo) generalmente ponen la luna al cuidado de una diosa, pero hay ejemplos de deidades lunares masculinas en el arte maya clásico (Schele y Miller 1986: 306, 309; Taube 1992: 65-68). La naturaleza del papel lunar de Xb’alamq’e está predicha por el hecho de que está cara a cara con Junajpu cuando arden juntos, siendo esta la posición de la luna cuando está llena. El k’iche’ contemporáneo usa q’ij, “sol”, como una figura retórica para la luna llena, saludando así su brillo y redondez, y esto puede ayudar a explicar el sol (-q’e) en el nombre q’eqchi’ de Xb’alamq’e. La imagen completa se ajusta a la descripción azteca de la primera aparición del sol y la luna actuales, en la que la luna sale cuando el sol se pone y parecen similares entre sí (Sahagún 1950–69, libro 7:8).

A las mujeres y a los niños se les amonestan que no miren directamente la luna durante un eclipse, sino mejor su reflejo en el agua. Si una mujer embarazada se bañara en medio de un río o de un lago bajo una luna llena que sufre un eclipse, o sea, uyabil ik’, ‘enfermedad de la luna’ o ukamik ik’, ‘muerte de la luna’, ella dará a luz a un niño muerto o deformado ̶ mudo, cojo o albino. Los niños concebidos la noche de una luna llena, especialmente durante un eclipse parcial, o q’equm ik’, ‘luna oscurecida’, serán o gemelos o transexuales. Dicen que estos bebés ambiguos se cambian de hombre a mujer y de mujer a hombre repetidamente y rápidamente al principio (cada tres o cuatro días). Después cambian su comportamiento e identificación sexual más lentamente. Finalmente alternan en su comportamiento, traje, e identificación masculina y femenina cada tres o cuatro años.

Los mayas temen el oscurecimiento súbito de los astros y creen que los eclipses tanto lunares como solares señalizan el hambre y otros males. A pesar de sus temores, los k’iche’ y los lacandones miran el reflejo de los eventos del eclipse en recipientes de agua colocados afuera en el patio. Los zinacantecos sacan cubetas de agua durante los eclipses lunares, pero el propósito enunciado no es para observar la luna, sino más bien permitirle que se lave la cara. En algunas comunidades el comportamiento apropiado durante un eclipse es hacer mucha bulla, gritar y golpear mesas, tambores, ollas y cacerolas, tocar las campanas de la iglesia, quemar cohetes o descargar armas y encender grandes hogueras. El incumplimiento durante un eclipse de la luna en mayo de 1918 se consideró la causa de una epidemia de sarampión en la comunidad mam de Santiago Chimaltenango (Laughlin 1975:58; Nash 1970:92-93; Oakes 2001:216, nota 4; Perera y Bruce 1982:230; y Wagley 1949:76).

Durante la mengua de la luna después de la fase llena, los momostecos la consideran una anciana, y se le dirige en las oraciones como qati’t, ‘nuestra abuela’. Hasta el principio del último cuarto, marcado por la nik’aj ik’, ‘media luna’, se describe como rij ik’, ‘espalda de la luna’. En esta fecha, la luna sale bastante tarde, hasta que la anciana entre en la fase menguante final, llamada katzujubik, ‘secarse’. A principios de la fase del último cuarto, sale la luna a medianoche y llega al meridiano al amanecer. Después, la luna sigue encogiéndose y sale más y más tarde y está más y más al este cuando sale el sol, hasta que, cerca del fin de su fase menguante, el sol comienza a alcanzarla. El ciclo finaliza cuando la luna que sale al amanecer, se retrasa más y más allá en el este, hasta que esté muqulik, ‘enterrada’ en kamibal ik’, ‘lugar de muerte de la luna’. El sacrificio de animales, la cosecha, el corte de leña y las relaciones sexuales, todos se evitan durante la primera parte de este período de dos semanas de la mengua de la luna, porque en estos días los animales, los cultivos, los árboles, y la gente son todos considerado inmaduros y tiernos. La siembra anual de los granos de maíz y de frijol negro es la única actividad que se considera apropiada para cualquier parte del período lunar menguante. Si la milpa que van a sembrar es nueva, lo hombres salen y tumban lo árboles, llevan a cabo la roza de la maleza, y cultivan el suelo en febrero, cuando las Pléyades, o motz, ‘manojo’, alcanzan el meridiano inmediatamente después de la puesta del sol. En caso de una milpa establecida, los campesinos simplemente cultivan el suelo y entierran las cañas del año anterior. La fecha precisa para la siembra de maíz y frijol, junto con la longitud del período vegetativo en cierto año, es determinada por una combinación de la altura de las milpas, la fertilidad de suelo, la migración de los azacuanes, la astronomía y la consulta del calendario.

Notas

1: Para la conexión entre meteoros y los cigarros, véase Tozzer (1907:158); y Girard (1962:74). El uso actual y pasado de las cuchillas de obsidiana en el sacrficio humano, en la sangría, y en la cirugía es discutido por Crabtree (1968); Orellana (1987:72-75); y Robicsek y Hales (1984).

2: Burnham (1978:1320); Harrison (1984); y Sosa (1985:431). Sosa vincula Aldebarán a las Pléyades, pero es la estrella más brilla de de las Híades.

Bibliografía

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Laughlin, Robert M. 1975 The Great Tzotzil Dictionary of San Lorenzo Zinacantán. (Smithsonian Contributions to Anthropology, No. 19). Washington: Smithsonian Institution Press.

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Sosa, John R.
1985 The Maya Sky, the Maya World: A Symbolic Analysis of Yucatec Maya Cosmology. Ann Arbor: University Microfilms.

Tedlock, Barbara
2002      El Tiempo y los Mayas del Altiplano. Edición en español. California: Yax Te’ Books.

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1996. Popol Vuh: The Mayan book of the Dawn of Life. Edición revisada y expandida. A Touchstone Book. Simon and Schuster, Inc.

Tozzer, Alfred M
1907 A Comparative Study of the Mayas and the Lacandones. New York: Macmillan.

Wagley, Charles 1949 The Social and Religious Life of a Guatemalan Village. (American Anthopological Association, Memoir no. 71). Menasha, WI: American Anthropological Association

¡Utz ulib'al alaq!

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