Los mitos del maíz entre los mayas de las Tierras Altas (y ••)

Por Carlos Navarrete

 

Paxil

Cruz sobre una pirámide del Posclásico. Altos Cuchumatanes, Guatemala. Foto de Carlos Navarrete.

La arqueología de Colotenango y del área de Paxil es primordialmente del periodo Posclásico (950-1524 dC) con mayor presencia en su etapa final. En los alrededores del cerro se han encontrado restos de construcciones ceremoniales y al pie de la roca hay plantadas algunas cruces – unas caídas, otras recientes – adornadas con ramas de pino. Sahumadores rotos y completos, así como huesos y plumas de gallos, dan fe del ceremonial cotidiano de de los alcaldes rezadores y de los “lenguas” que conducen las preces de grupos de creyentes de la costumbre, que acuden de aldeas distantes. Paxil es el centro geográfico donde concurre un cuerpo de creencias, entre las que caben el nahualismo, el curanderismo y la hechicería. En 1978 fue muerto en una barranca cercana un individuo que regresaba de ceremoniar a media noche en la roca, acusado de haberle causado “daño” a una familia de San Gaspar Ixchil. Las ofrendas de mazorcas, escogidas por su tamaño durante la temporada de cosecha para propiciar la siembra del año siguiente, prueban la supervivencia de la relación del lugar sagrado con el mito del origen del maíz.

Leyendas locales

Amatenango, Chiapas. Foto de Adalberto Ríos/Sexto Sol

En otras comunidades de Chiapas y Guatemala, la trama de la leyenda ocurre localmente, por lo general en una roca o cueva situada en un cerro cercano. En Santa María Visitación, la roca está en el volcán San Pedro. Las dificultades que padecen los hombres antes de conocer las mazorcas y los granos también varían: pueden sufrir hambre o solo alimentarse de frutas y papas, de raíces, yerbas, pataxte (cacao de monte), semillas de ramón y teocinte. Los animales que intervienen son preferentemente el cuervo y una especie de hormigas grandes y coloradas, llamadas zompopos, el pájaro carpintero, y, en alguna ocasión, la tortuga o insectos como el piojo y la pulga. La mayoría de los hombres son campesinos, en algunos casos aparece una mujer y en Santa Cruz Verapaz un héroe legendario llamado K’iche’ Winaq. Un rayo es invocado para taladrar la roca que esconde las mazorcas y éstas son nombradas corazón de maíz, padre maíz, madre maíz o madre-padre maíz. Una vez distribuida la semilla, del respeto y cuidado que se le otorgue dependerá la calidad que tengan las futuras mazorcas:

Pero no en todos los lugares recién poblados se cosechó buen maíz, pues únicamente en Jacaltenango es en donde, hasta la fecha, el maíz es de calidad, por motivo de que el fundador de este pueblo, al recoger los granos que le correspondieron, los envolvió en hojas de árboles, mientras que los otros ancianos lo hicieron en pañuelos.

 

El origen del maíz en San Ildefonso Ixtahuacán

Lugares en los que sobrevive el mito del origen del maíz. Información de Carlos Navarrete e ilustración de raíces.

Los antiguos Señores se alimentaban comiendo de una planta llamada txetxina, que los ladinos llaman madre maíz. No comían maíz y pasaban grandes penas. En una ocasión, uno de esos Señores vio a un gato montés comiendo unas cositas amarillas y se lo fue a contar a los otros ancianos. Entonces se juntaron para ir a ver al gato y preguntarle qué cosa era lo que comía tan gustoso, y él les dijo que eran granos de maíz que acarreaba de una cueva en la montaña. Los viejitos pidieron al gato que mostrara el lugar. Que estaba bueno, les contestó el animalito.

Los Señores no podían acompañar al gato montés, porque era muy rápido para correr, y por ello designaron a un piojo para que lo acompañara. El piojo subió sobre el lomo del gato, pero no soportó las sacudidas de su cuerpo y cayó al suelo. No pudo darse cuenta de qué rumbo tomó el gato y desconsolado regresó. Los ancianos dispusieron que una pulga acompañara al animal en un nuevo intento. Como éste corría sobre las piedras y los troncos, también la pulga se desprendió, cayendo al suelo, pero, más lista que el piojo, de un gran brinco se prendió nuevamente de los pelos del gato, asiéndose fuertemente y llegaron a una roca que tenía un pequeño agujero en donde el wixh sació su apetito con los granitos amarillos. La pulga regresó a contar lo que había visto.

Tzotzil: San Andrés Larraínzar, Chiapas. Foto de Alberto Ríos / Sexto Sol

Los Señores principales de los pueblos le pidieron a la pulga que los guiara, y constataron que el agujero era muy chiquito, no les fue posible penetrar al interior. Buscaron entonces a los pájaros carpinteros para que con su fuerte pico ampliaran la abertura de la roca, cosa que no consiguieron por la dureza de la piedra. Lo único que lograron fue sacar con su largo pico unos granos de maíz que allí mismo se comieron.

En vista de que los pájaros carpinteros fallaron en su intento por abrir la cueva, los Señores acudieron al “rayo blanco” para que él con su poder lo lograra, pero, a pesar de que descargó toda su fuerza, apenas le abrió una grieta a la piedra, por la que tampoco cabía una persona. Los Señores optaron por llamar al hermano menor del “rayo blanco”, el “rayo colorado”.

El pequeño rayo se rió de su hermano y para demostrarle que era superior a él, lanzó una descarga con toda su furia y la roca se abrió. Según contaron los abuelos, el retumbo se oyó en todos los municipios de Huehuetenango y convocaron a los principales de cada pueblo a venir a ver el milagro: adentro de la cueva estaban las mazorcas acomodadas en redes con su mecapal, listas para que las llevaran a sus casas. Entonces ordenaron los Señores que cada pueblo tenía derecho a llevarse una red, pero que guardaran los mejores granos para semilla y que les brindaran cuidado. Al recolectar la cosecha que se vino rechula, ya no comieron txetxina para alimentarse, solamente maíz.

 

Carlos Navarrete. Guatemalteco. Maestría por la ENAH. Investigador del instituto de investigaciones antropológicas de la UNAM. Ha trabajado principalmente en el área maya en Chiapas y Guatemala. Ha publicado numerosos libros y artículos al respecto. Premio Chiapas 1984.

 

Para leer más:

  • BÚCARO MORAGA, Jaime Ismael (ed.), Leyendas, cuentos y fábulas indígenas, Instituto Indigenista Nacional, Guatemala, 1959.
  • NEUENSWANDER, Helen L. y Dean E. Arnold (eds.), Estudios cognoscitivos del sur de Mesoamérica, Guatemala, 1975.
  • SAM COLOP, Luis Enrique (ed.), Popol Wuj, F&G Editores, Guatemala, 2011.
  • SHAW, Mary (ed.), Según nuestros antepasados… Textos folklóricos de Guatemala y Honduras, Instituto Lingüístico de Verano, Guatemala, 1974.
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Un comentario en “Los mitos del maíz entre los mayas de las Tierras Altas (y ••)

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