"Los guatemaltecos deberían dominar al menos un idioma maya" *

Fascinado por Mesoamérica, el antropólogo, etnohistoriador y escritor Ruud van Akkeren profundiza en la cultura guatemalteca.

*Extracto de la entrevista publicada originalmente en Prensa Libre el 29 de junio de 2014.

Es un holandés fascinado por el área mesoamericana, tanto por su historia como por su riqueza cultural. El antropólogo, etnohistoriador y escritor Ruud van Akkeren ha radicado en Guatemala desde hace unos 20 años, en unas épocas en un ir y venir, en otras, más estable. Por ahora se ha establecido en Rabinal, Baja Verapaz, de donde se declara encantado. De hecho,llegó a esas tierras con el objetivo de investigar el Rabinal Achí, un documento quiché que contiene un ancestral baile dramático. “Siempre me he interesado en el teatro”, refiere. Así que considera una especie de fortuna el haber podido combinar sus estudios con su pasión. Ahora, como resultado, es uno de los más destacados especialistas en teatro precolombino, así como en linajes, cosmovisión maya y textos indígenas, entre estos el Popol Wuj y el Memorial de Sololá.


En esta entrevista, van Akkeren se refiere a sus investigaciones y a lo poco que los guatemaltecos conocen de sus orígenes.

¿Qué concepto tiene de Guatemala?

Que este país tiene todo y por eso es una maravilla. Aquí he hecho una vida. He guiado a turistas y siempre quedan fascinados con la cultura y la belleza existente. Claro, cuando uno reside acá se da cuenta de que hay cosas bastante desagradables, como la inseguridad.

¿Cuáles fueron las razones que lo trajeron a estas tierras?

Mis intereses se centran en la Antropología y el teatro. Así que, en la búsqueda de fusionar ambas corrientes, llegué a México, donde hice algunas investigaciones de campo. A finales de los años de 1980 y principios de 1990 conocí en Tlaxcala a un grupo teatral campesino que se llamaba Brigada Xicotencatl, cuyas puestas en escena se basaban en problemas sociales. Tenían una danza que trataba sobre una boda azteca. Me gustó tanto que empecé a investigar sobre teatro precolombino. Con eso, inevitablemente uno se topa con el Rabinal Achí. Este baile dramático me fascinó. Tanto así que decidí ir a Rabinal, Baja Verapaz, para aprender k’iche’ y leerlo íntegro, sin necesidad de traducciones.

El Rabinal Achí, además de narrar un conflicto político entre Rabinal y Quiché en el siglo XV, ¿qué contiene?

Es un drama de la creación que en su época marcaba el cierre de un ciclo de 52 años que llamaban Rueda calendárica.

¿El baile que hoy representan se ajusta a lo que dice el documento?

Es totalmente diferente. De hecho, muchos actores no saben de lo que se trata.

¿Qué idiomas mayas domina?

K’iche’ y kaqchikel —ríe, con modestia—, pero solo un poco. Sergio Romero, mi amigo y colega, habla perfectamente y puede tener cualquier conversación tanto en náhuatl como en q’eqchi’.

¿Cómo toma la gente que una persona con rasgos europeos como usted le hable en un idioma maya?

Creo que gusta. Para mí es importante que la gente se sienta cómoda. En la provincia he impartido talleres en las poblaciones locales y les dejo tareas como investigar sobre su historia. Al día siguiente recitan sus conclusiones en español, pero “nada que ver”; todo lo contrario cuando hablan en su idioma materno, pues son muy fluidos y expresivos. Creo que cada guatemalteco debería dominar por lo menos un idioma maya.

¿Cree que los guatemaltecos conocen lo suficiente sobre sus raíces?

Muy poco. Por eso desde el 2000 me fijé el objetivo de enseñar a la gente sobre su historia. De esa cuenta he impartido clases por todo el país.

Respecto de su área de especialización —documentos indígenas del altiplano guatemalteco—, ¿cuántos originales existen?

Depende a qué se denomina como original. Por ejemplo, el texto más auténtico que ahora se tiene del Rabinal Achí es uno que se llama Manuscrito Pérez, que data de 1913 —aunque ya existía una publicación del siglo XIX del etnohistoriador francés Charles Étienne Brasseur de Bourbourg—. En cuanto al Popol Wuj, cuya obra más antigua se conserva en Chicago, es una copia hecha por fray Francisco Ximénez. Se dice que el original que le mostraron a Ximénez ha de estar en algún lugar, pero nadie lo sabe. Eso se escucha en los pueblos. En otros casos, tengo conocimiento de manuscritos que datan de 1913.

¿O sea que sí hay documentos dispersos, y no necesariamente en bibliotecas o museos?

Así es. Algunos los tienen los cofrades, pero hay mucho recelo.

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